Sant Andreu Salut ha desarrollado internamente una solución innovadora para prevenir caídas y reforzar la seguridad de las personas atendidas sin recurrir a contenciones físicas o farmacológicas. Mediante sensores de movimiento y de presión fabricados con impresión 3D e integrados en los sistemas de aviso existentes, los profesionales pueden detectar situaciones de riesgo de forma precoz y actuar preventivamente. Esta iniciativa promueve la autonomía, mejora la seguridad y facilita una implantación sostenible y de bajo coste alineada con el modelo de centros libres de contenciones.
La situación de partida se identificó en el contexto de la atención en nuestras residencias y centros de día, donde atendemos a personas mayores con fragilidad, deterioro cognitivo, alteraciones de la movilidad o riesgo elevado de caída. En estos casos, uno de los principales retos asistenciales es garantizar la seguridad de la persona sin limitar innecesariamente su autonomía ni recurrir a medidas restrictivas como las contenciones físicas.
Las caídas representan un riesgo importante en el entorno residencial, tanto por sus posibles consecuencias físicas —fracturas, lesiones o pérdida de movilidad— como por el impacto emocional que generan en la persona atendida, su familia y los profesionales. Al mismo tiempo, Sant Andreu Salut mantiene un compromiso firme con un modelo de atención centrada en la persona, orientado a preservar la dignidad, la libertad de movimiento y la calidad de vida.
Sant Andreu Salut es una organización donde prima el modelo de centros libres de contenciones y cuenta con certificaciones liberaCare de la Fundación Cuidados Dignos. Este posicionamiento hace que cualquier mejora en seguridad deba plantearse desde una lógica de respeto a la persona y evitando, siempre que sea posible, tanto la contención mecánica como la farmacológica.
La organización presenta una diversidad de sistemas de llamada paciente-profesional entre centros, lo que generaba dependencia de soluciones específicas por proveedor. En el mercado existen dispositivos tecnológicos para detectar movimiento, presencia o presión y avisar cuando una persona se levanta de la cama, de una silla o de una butaca. Sin embargo, su coste elevado dificultaba una implantación amplia entre las personas que podían beneficiarse de esta medida.
Ante esta necesidad, el equipo de mantenimiento propuso desarrollar una solución propia basada en la compra de componentes electrónicos y la fabricación de estructuras mediante impresión 3D. Desde el inicio se plantearon dos modelos complementarios: sensores de movimiento, orientados a detectar movimientos o incorporaciones de riesgo, y sensores de presión, orientados a detectar cuándo la persona deja de ejercer presión sobre la silla, butaca o cama porque se está levantando.
La solución desarrollada permite integrarse en los sistemas de llamada ya existentes, posibilitando una implantación homogénea en toda la organización. Además, el modelo de producción propia permite disponer de un dispositivo completamente funcional y listo para instalar en un plazo de entre cuatro y seis horas, eliminando la dependencia de proveedores externos y reduciendo significativamente los tiempos de respuesta.
El proyecto se inició en enero de 2026 y se planificó como un despliegue progresivo. En una primera fase se analizaron las soluciones existentes en el mercado y se revisaron sus costes. Posteriormente se diseñaron los prototipos, se adquirieron los componentes electrónicos necesarios y se fabricaron las primeras unidades mediante impresión 3D.
Durante el desarrollo se diferenciaron dos modelos de dispositivo:
Tras una fase de pruebas en la Residència de Navarcles, se verificó el correcto funcionamiento de los sensores y se realizaron ajustes para adaptarlos mejor a su uso en cojines, butacas, sillas y camas. Una vez validado el sistema, se inició la implantación progresiva, priorizando a las personas atendidas con mayor riesgo de caída o con posibilidad de beneficiarse de una alternativa a la contención física.
La implantación se realiza de forma individualizada, teniendo en cuenta la situación funcional, cognitiva y conductual de cada persona. Los profesionales de atención directa fueron informados sobre el funcionamiento del sistema, el significado de los avisos y la respuesta esperada ante cada situación. Asimismo, se compartió el sentido del proyecto con las personas atendidas y sus familias, reforzando la idea de que los sensores no limitan la movilidad, sino que permiten mantenerla con mayor seguridad.
Esta iniciativa ha permitido incorporar una solución tecnológica accesible, sostenible y alineada con el modelo de atención centrada en la persona, reforzando la seguridad sin renunciar a la autonomía y contribuyendo al objetivo de avanzar hacia entornos cada vez más libres de contenciones.
Mayor eficiencia. La organización ha desarrollado una solución propia mediante impresión 3D y componentes electrónicos accesibles, reduciendo significativamente el coste respecto a los dispositivos comerciales existentes. El coste unitario de los sensores desarrollados internamente oscila entre 90 € y 180 €, frente a los aproximadamente 1.000 € de una solución comercial equivalente. La prueba piloto ha supuesto un ahorro estimado de entre 12.300 € y 13.650 €.
Aumento de la calidad. La práctica ha permitido disponer de una alternativa a las contenciones físicas y farmacológicas, favoreciendo una atención más segura, digna y centrada en la persona. Gracias a la implantación de los sensores se han evitado o retirado 15 contenciones. La valoración de profesionales y familias es alta y la demanda de nuevos dispositivos continúa creciendo.
Mayor seguridad. La implantación de sensores de movimiento y sensores de presión ha permitido detectar de forma temprana situaciones de riesgo, especialmente cuando una persona se mueve, se incorpora o se levanta de la silla, la butaca o la cama sin acompañamiento. Hasta mayo de 2026 se han fabricado e instalado 15 sensores, beneficiando a 15 personas residentes. En las personas con sensor no se ha registrado ninguna caída durante el periodo evaluado.
Cultura de la organización y liderazgos (Responsabilidad social y buen gobierno de las organizaciones). La práctica está alineada con el compromiso de Sant Andreu Salut con un modelo de atención centrada en la persona y con los centros libres de contenciones. El desarrollo de una alternativa tecnológica propia ha permitido reforzar la seguridad de las personas atendidas manteniendo el respeto a su autonomía, dignidad y libertad de movimiento.
Implicar a los grupos de interés. La Buena Práctica ha involucrado a diferentes grupos de interés, incluyendo personas atendidas, familias, profesionales asistenciales, equipo de mantenimiento y responsables de centro. La implantación se realiza de forma individualizada y cuenta con una alta aceptación por parte de profesionales y familias.
Crear valor sostenible. El desarrollo interno de los dispositivos mediante impresión 3D y componentes electrónicos accesibles ha permitido disponer de una solución económicamente viable y fácilmente replicable. El coste unitario de los sensores oscila entre 90 € y 180 €, frente a los aproximadamente 1.000 € de una solución comercial equivalente, generando un ahorro estimado de entre 12.300 € y 13.650 € en la prueba piloto.
Gestionar el funcionamiento y la transformación (Transformación digital). La práctica incorpora tecnología para mejorar la prevención de caídas y la capacidad de respuesta de los profesionales. La integración de sensores de movimiento y presión con los sistemas de aviso existentes ha permitido transformar un proceso asistencial tradicionalmente reactivo en un modelo más preventivo y personalizado.
2026
Desde enero de 2026. Proyecto actualmente en fase de despliegue progresivo.
Sin especificar
Entre los aspectos que han contribuido al éxito de la práctica destacan la implicación del equipo de mantenimiento en el diseño y fabricación de los dispositivos, la colaboración con los equipos asistenciales para identificar las personas candidatas, la implantación progresiva y personalizada según las necesidades de cada persona atendida, y la integración de los sensores en los sistemas de aviso ya existentes en los centros.
También ha sido clave compartir el sentido del proyecto con profesionales, personas atendidas y familias, reforzando la idea de que los sensores no limitan la movilidad, sino que permiten mantenerla con mayor seguridad. La alineación de la iniciativa con el modelo de atención centrada en la persona y con el compromiso de Sant Andreu Salut con los centros libres de contenciones ha favorecido su aceptación e implantación.
Entre las dificultades encontradas destaca el elevado coste de las soluciones comerciales existentes, que dificultaba una implantación amplia. Asimismo, se ha identificado la necesidad de reforzar el registro sistemático de indicadores relacionados con caídas evitadas, contenciones retiradas, incidencias técnicas y percepción de los diferentes grupos de interés, con el objetivo de disponer de una evaluación más completa del impacto de la práctica.
Sílvia Muñoz
La práctica se ha desarrollado en coherencia con el modelo de centros libres de contenciones de Sant Andreu Salut y con las certificaciones liberaCare de la Fundación Cuidados Dignos. También ha recibido una valoración positiva por parte de esta fundación, al tratarse de una solución que permite eliminar contenciones a bajo coste y con buenos resultados.
Un elemento diferencial del proyecto es que los dispositivos se integran en los distintos sistemas de llamada paciente-profesional existentes en los centros, lo que facilita su implantación homogénea en la organización. Además, las carcasas fabricadas con impresión 3D incorporan el propósito de Sant Andreu Salut: “Cuidamos la vida cuando se vuelve delicada”, reforzando que la tecnología está al servicio del cuidado de las personas.
Publicada el 14 jul. 2026
Estamos preparando el archivo de la buena práctica de gestión. En pocos segundos, lo podrás descargar